Apple ha matado silenciosamente las Vision Pro y ahora tiene un gadget zombi
Las Apple Vision Pro pasan de forma "no oficial" al trastero de Cupertino sin actualizaciones ni futuras nuevas generaciones

Todo apunta —aunque Apple no haya dicho ni una palabra— a que las Vision Pro podrían estar viviendo una muerte silenciosa. Y como decía Jobs, solo hay que unir los puntos.
Primero: su lanzamiento. Exclusivo, limitado y con un precio de 3.500 dólares. Un producto que nació más como objeto de culto que como tecnología de masas. Solo los más fanáticos dieron el paso, incluso viajando a EE. UU. para conseguirlas.
Segundo: la promesa. Apple habló de una revolución en apps, productividad y entretenimiento. Pero la realidad ha sido mucho más discreta. Hay experiencias interesantes, sí, pero pocos casos de uso que justifiquen una inversión tan elevada.
Tercero: el formato. Como visor cerrado, no ha logrado encajar. Está muy lejos de ser un dispositivo de consumo diario. No sustituye al móvil, no sustituye al portátil… y tampoco termina de encontrar su lugar.
Cuarto: las ventas. Tras el hype inicial del primer mes, el interés cayó en picado. Y a principios de 2025, Apple habría detenido su producción. Una señal bastante clara de que algo no iba según sus planes.

Quinto: la evolución. La segunda generación apenas introduce cambios: nuevo chip y una correa mejorada. Nada que invite a pensar en una apuesta fuerte por el producto.
Las Apple Vision Pro pasan de forma «no oficial» al trastero de Cupertino sin actualizaciones ni futuras nuevas generaciones
Y sexto: el futuro. Con John Ternus al mando, todo indica que Apple podría estar redirigiendo esfuerzos hacia unas gafas inteligentes más ligeras, prácticas y orientadas al día a día. Las Vision Pro pasan al cajón trastero.

Así que la gran pregunta es inevitable: ¿son las Vision Pro un gadget zombi? ¿Un producto que no está oficialmente muerto, pero tampoco realmente vivo?
Si Apple hubiese sido menos ambiciosa —y quizá menos “vanidosa”— con este primer intento, hoy estaríamos hablando de otra historia. Eso sí, hay una salida elegante: si Apple reconoce el tropiezo, aprende y cierra este capítulo con claridad, quizá podamos ver con ilusión su próximo proyecto.
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